domingo, 18 de enero de 2015

IV carrera de Montaña Cerro de la Mola, Cronica de Laura

                                                          Si lo pienso, lo quiero y si lo quiero lo puedo.
Terminas de correr tu primera Media Maratón y experimentas una sensación que viene a ser algo así como “verse capaz de todo”, así que aprovechando la coyuntura, Dani me propone correr mi primera Carrera de Montaña, y claro, acepté.
Pasan los días, la sensación “todoterreno” desaparece y ahí estás, apuntada a la carrera, entonces empiezas a valorar:
Distancia (17 K, que luego serían más). Ninguno de mis entrenamientos por montaña, hasta el mismo día de la carera, contaban con más de 10 K y soy de las que piensa que uno no debe apuntarse a una carrera sin haber entrenado previamente modalidad y distancia, por lo que empecé a dudar de mi capacidad, dudaba más según se acercaba el día, y dudé durante las más de dos horas que necesité para recorrer la temida distancia.
Miedo a perderte (y te pierdes). Isidro, Pepe y Dani, que hablaron conmigo durante los días previos a la carrera, eran conscientes del miedo que tenía a perderme. No hay baliza o señal de advertencia que pueda con mi despiste. Todos me tranquilizaban insistiendo en que era imposible perderse, pues bien se equivocaban. Me perdí dos veces.
Decidí dejar de valorar (sin éxito).


Llegamos a Novelda, no hacía demasiado frío pero si viento, y mucho. En mis valoraciones previas a la carrera, no tuve en cuenta las condiciones meteorológicas. Después de recoger dorsales y terminar de prepararnos nos dirigimos hacia la línea de salida y salimos.
No empezamos a recorrer “terreno montañoso” hasta pasado el primer kilómetro, y que horror de kilómetro... Mis zapatillas, creo, están diseñadas para correr por montaña, pues no me resultó nada cómodo recorrer con ellas los tramos asfaltados (que por cierto habían bastantes), esto añadido a un continuado lagrimeo de ojos y complicaciones al respirar, consecuencia del fuerte viento, hicieron del primer kilómetro el peor de la carrera.
Empieza la Montaña y con ella la primera subida, el viento no cesa, sino todo lo contrario y sigo sin poder ver ni respirar bien. Bajo el ritmo para no dejar de correr, pero, pese a intentarlo concienzudamente, no puedo evitar terminar la subida andando. Al llegar al primer alto el terreno se estrecha y aparece el primer y único “embudo” con el que me encontraría. Mientras avanzo respiro y recupero hasta que inicio el descenso.


Poco antes del inicio de la primera bajada (muy de mi gusto, por cierto) adelanto unas pocas posiciones y consigo descender sola y tranquila. Antes de llegar a la rambla, gano alguna que otra posición y alcanzo a un grupo de 3 corredores con los que iría hasta el segundo avituallamiento, y si digo SEGUNDO AVITUALLAMIENTO, porque cuando llegamos al primero no quedaba NADA. Señores, los últimos también corremos, ténganlo en cuenta.


Uno de los corredores que iba conmigo, advirtiendo que no habría agua hasta dentro de unos cuantos kilómetros se paró, sacó de su cinturón un botellín y me obligó a beber. MIL GRACIAS AMIGO ¡
Si tuviese que elegir un momento de la carrera, sería el tramo de rambla. Además de bonito se hizo divertido y entretenido, pues no requería de sobreesfuerzos y la necesidad de saltar a base de zancadas te invitaba a acelerar el ritmo.


Ya en el segundo avituallamiento nos agrupamos unos cuantos corredores y llegó mi primer momentazo. Continué el recorrido sola al salir del avituallamiento, demasiado sola… cuando escuché “Nena, nena ¡por ahí no es!!!! “Ahí estaba yo, Laura en estado puro, dispuesta como nadie a perderme, sin necesidad de ayudas.. Al inicio de la carrera, en el fatídico KM 1 concretamente, me quedé sin batería en el Ipod, estuve cabreada conmigo misma por no haberme asegurado de que estaba cargado hasta ese momento. “Dejadez compensa a despiste” “menos por menos es más”.
Me pareció inteligente seguir el consejo de cuantos me advertían y cambié de dirección. Tocaba seguir subiendo. Iniciaba todas las subidas corriendo y daba alcance a grupos de personas que andaban, pero en ese momento, al verlos andar, de forma inconsciente pero automática dejaba de correr y me ponía a andar. Pero el hecho de andar me agobiaba y en cuanto podía correr, lo hacía con todas mis fuerzas, con tantas que no me quedaban suficientes para estar pendiente de la señalización (insisto en que las balizas no son perceptibles a mi vista). Si no llega a ser porque uno de los voluntarios me agarró (literalmente) y me colocó en la dirección correcta, me habría vuelto a perder. El nuevo recorrido me llevó a la subida de La Mola, no corrí ni un metro. Sólo ande y como costaba…. Aquí si hubo sobreesfuerzos, aquí si dolía todo y dolía mucho. Pero llegué! Llegué, coroné y después bajé ¡


Ya estaba en el kilómetro 13 (menos de 5 para meta) cuando vi a Dani, tal y como me había dicho, volvió a buscarme al terminar. Lo vi y quise matarlo ¡“Es una carrera por montaña muy suave” me había dicho, “Algo fácil para empezar…”. Al hablar con él y verlo tan fresco mi cansancio se convirtió en rabia (yo también quería estar así de bien), la rabia en acelerones y de los acelerones volví al cansancio. Hicimos unas cuantas fotos, un par de vídeos y llegamos juntos a meta Pepe, Dani y yo. 2 horas 22 minutos. Estaba hecho.



Y repito;  los últimos también corremos ¡¡¡¡. A mi llegada a meta apenas quedaba fruta y unas pocas botellas de agua. Si, había un plato de carne y refresco para cada corredor, pero lo hubiese cambiado por alguna pieza de fruta o una bebida isotónica.
Mis felicitaciones a todos los corredores, excluyendo a tramposos. Es imposible adelantar a alguien que nunca vuelve a recuperarte la posición (y creedme corro entre las últimas posiciones, no es mucha la gente que me adelanta ni a la que yo adelanto, es fácil reconocerse) y que llegue a meta mucho antes que tu.

Terminé la carrera y volví a valorar:
Ansiedad (mala compañera): No hice una buena carrera, salí con el mismo planteamiento que en una de asfalto, ritmo constante, y eso, en montaña, es inviable. Fui a tirones, me sentía mal por los tramos andados y lo “compensaba” corriendo todo lo que podía en los llanos, llegando muerta a la siguiente subida, y así sucesivamente. Ansiosa, completamente ansiosa, pendiente de llegar cuanto antes y olvidándome de disfrutar.
Nuevas necesidades (y comodidades): Aunque no fue una buena carrera me sirvió para decidir que no volveré a correr  sin gafas. No es la primera vez que me quejo de lo rápido que me lloran los ojos corriendo, pero en esta ocasión hubo momentos en los que no era capaz de distinguir el suelo que pisaba.
Orgullo (herido): Cuando terminé, sentí que había logrado algo grande, que aun dudando de mí preparación había sido capaz de terminar y no terminar destrozada. Pero me fui viniendo abajo conforme escuchaba comentarios del tipo “bueno, ha sido una carrera suave”, “no se puede decir que sea una carrera de montaña”, “esperaba que fuese algo más dura”…y yo con la sensación de haber conseguido “algo GRANDE”. Pues bien, ahora quiero volver y poder decir: “Dani,  ¿te acuerdas cuando yo creía que esto era una carrera de montaña?”.
Nos vemos en Coto Cuadros ¡ He dicho que si lo pienso lo quiero, y si lo quiero lo puedo.
L.

Gracias a Footer Troter por las fotos, y los animos

2 comentarios:

  1. Buena carrera, Laura. En seguida otra.

    Y carrera bastante chula, lo único que no me gusto el trozo de asfalto del principio y fin, pero supongo que eran imprescindibles para salir y entrar al pueblo.

    Saludos.

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  2. Bueno la primera hay que acabarla y las demás ya veras como te vale la experiencia de esta. En la montaña no es igual que el asfalto, solo los elite las pueden hacer corriendo toda, ademas cuando te canses, foto, foto y así tomas un poquito de aire. Un saludico.

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